Sevilla se ha consolidado como uno de los grandes polos de atracción turística y cultural del sur de Europa, capaz de concentrar en un mismo fin de semana acontecimientos deportivos, festivos y de ocio de primer nivel. Esta fortaleza, sin embargo, supone también un desafío para la infraestructura de alojamiento de la ciudad, especialmente en fechas de alta demanda. Por eso, el alojamiento flexible gana peso en la estrategia turística de Sevilla.
Un análisis realizado por PwC para Airbnb concluye que la red hotelera, por sí sola, no siempre es suficiente para absorber los picos de visitantes que generan los grandes eventos. El estudio sobre la estrategia turística de Sevilla pone el acento en momentos concretos, como finales deportivas o celebraciones tradicionales, en los que la demanda se dispara de forma puntual y supera ampliamente la oferta disponible.
El informe recuerda que, a escala nacional, entre 2018 y 2023 el número de viajeros en los meses de verano fue un 18 por ciento superior a la capacidad hotelera existente. En comunidades con fuerte atractivo turístico, como las costeras, esta presión es todavía mayor. En Andalucía, la ocupación llegó a situarse cerca del máximo, alcanzando el 99 por ciento en determinados periodos.
En el caso sevillano, la coincidencia de eventos emblemáticos ha puesto de relieve esta limitación. Jornadas en las que confluyen citas deportivas de ámbito nacional con celebraciones locales han llegado a incrementar de forma notable la población flotante de la ciudad, obligando a recurrir a soluciones de alojamiento alternativas para evitar un cuello de botella en la recepción de visitantes.
Actualmente, Sevilla cuenta con más de seiscientos establecimientos turísticos entre hoteles y apartamentos, que suman cerca de treinta y seis mil plazas. Mientras que la planta hotelera sigue creciendo, lo hace a un ritmo más lento debido a los plazos de inversión y desarrollo, con especial protagonismo de proyectos de alta gama. En paralelo, los apartamentos turísticos han experimentado un aumento significativo en los últimos años.
Este crecimiento se produce en un contexto de mayor regulación de las viviendas de uso turístico. La normativa municipal limita su presencia al 10 por ciento del parque residencial por zonas, una medida que ha reducido drásticamente la concesión de nuevas licencias. A ello se suma la reciente aprobación de la Ley de Turismo Sostenible de Andalucía, que refuerza el control sobre la actividad ilegal y eleva de forma considerable las sanciones, que pueden alcanzar los 600.000 euros en los casos más graves.
Desde Airbnb subrayan que, en otras grandes ciudades españolas, las viviendas turísticas han servido como válvula de escape en momentos de máxima afluencia. Citan el ejemplo de Madrid, donde conciertos multitudinarios, ferias internacionales o grandes premios deportivos habrían generado déficits de decenas de miles de plazas sin la aportación del alojamiento flexible. «El alojamiento tradicional por sí solo no podría absorber la afluencia de visitantes en esas fechas», señalan desde la plataforma.
Más allá de la capacidad, el estudio también destaca el impacto económico en el entorno inmediato. En Andalucía, según los datos recopilados, la mayoría de los anfitriones orienta a sus huéspedes hacia comercios y servicios del barrio, fomentando un reparto más equilibrado del gasto turístico. Cerca de la mitad del desembolso realizado por los visitantes, excluido el alojamiento, se queda en la zona donde se ubica la vivienda.
En un escenario de creciente competencia entre destinos y de agendas cada vez más cargadas de eventos internacionales, el debate sobre el equilibrio entre regulación, inversión hotelera y alojamiento flexible se perfila como una de las claves para sostener el crecimiento turístico de Sevilla sin comprometer la calidad de vida urbana ni las oportunidades económicas que genera el sector.
Foto: Hotel Alfonso XIII (marriott.com)